jueves, 23 de febrero de 2012

LUCÍA GUERRERO TODA UNA VAQUERA EN EL SIGLO XXI


Una mañana de octubre, el día en que cumplía 18 años, Lucía Guerrero se levantó temprano, tomó un taxi y acudió por primera vez en su vida a una sesión de fotos. Como dijo su representante: "Se va a hacer mayor dos veces el mismo día". Hasta ese momento, igual que hasta hoy, era una estudiante de Comunicación Audiovisual de primer año y una actriz desconocida cuyas facciones, de aspecto nórdico, y cierto parecido razonable con Belén Rueda, le habían guiado hasta una ambiciosa serie de televisión llamada Luna. El misterio de Calenda, en la que interpretaría a la hija de Rueda y en la que se vería envuelta en una trama al estilo de Crepúsculo, pero con hombres lobo. Un presunto próximo éxito de la cadena Antena 3, con el sello de los guionistas de El internado. Durante las últimas dos semanas, según contó Guerrero, se habían estado reuniendo los actores de la serie en torno a una mesa -la mesa italiana- con separatas del guión, leyendo en voz alta para que los diálogos fueran tomando forma. En otras palabras, Luna... estaba a punto de comenzar a rodarse y, por tanto, no quedaba demasiado (ahora queda aún menos; se estrena en algún momento de este primer trimestre de 2012) para que su rostro nórdico se volviera, de pronto, reconocible y familiar para miles, quizá millones, de telespectadores. Su vida, al menos la vertiente pública de la misma, se encontraba a punto de dar un vuelco. Nadie sabía casi nada de ella, pero pronto muchas personas querrían saberlo todo. "Prefiero ni pensarlo", dijo la actriz. "Me da pánico".

Hasta entonces, según recordaba, solo la habían reconocido dos veces por la calle. Había hecho "algo de publicidad" y apareció fugazmente en Karabudjan, una miniserie que pasó por Antena 3 sin pena ni gloria, rodada en 2009 con Hugo Silva de protagonista. Luego, Rodríguez se coló en dos episodios de Doctor Mateo (Antena3) y en uno de Águila roja (TVE1). Aunque todo esto no lo contó el día de su graduación fotográfica. Su representante, Amelia Azorín, madre del actor Eloy Azorín, había preferido concertar la entrevista unos días más tarde, cuando ella pudiera estar presente. "Es su primera vez", argumentó, dando a entender que, en sus primeros pasos, un intérprete se juega mucho y convenía avanzar con agarraderas. Así, mientras la actriz explicaba sus sensaciones en un mundo nuevo con palabras como "pataflús", Azorín añadía que no era fácil encontrar "niñas preparadas y maduras" como Lucía, y que a menudo recordaba a sus representados que han de mantener "los pies en la tierra" para sobrellevar aquello que se les viene encima como una tormenta: "Es fundamental que estén armados como individuos".

Guerrero era la más joven e inexperta de las que posaron para esta sesión de moda vaquera. Un folio en blanco sobre el que se irían proyectando en el futuro los éxitos, las dudas y los anhelos de las otras cuatro actrices con las que fue retratada. Todas, chicas de la tele; con alguna que otra incursión en el cine. A Lucía le esperaba, si tomamos la palabra de sus colegas, una carrera "dura", "complicada", "arriesgada". Y competitiva: antes de comprometerse a la sesión, las representantes de todas ellas se aseguraron de conocer bien la lista de retratadas; una de ellas, incluso, pidió expresamente que, por favor, su representada no coincidiera en maquillaje con otra de las actrices. Por si acaso.

En el otro extremo a Lucía, por edad, se encontraba Esmeralda Moya, quien en estos momentos se hallaba en transición hacia papeles de mujer joven (pero no tan joven) e intentaba esquivar ese síndrome de Michael J. Fox con dedicación y cursillos. Se había visto atrapada en un papel de estudiante de instituto en Los protegidos (Antena 3), y decidió abandonar la serie en 2011. "Tenía que cambiar de registro. Con 26 años seguía anclada haciendo papeles de niña". Comenzó a redefinirse con cursos de interpretación, e incluso de voz, para lograr un timbre más adulto. Así, cuenta, le salió hace poco el papel de baronesa Thyssen para una miniserie de Telecinco en la que, según dejó intuir, se sintió por fin algo más cómoda y cerca de su sitio.

"Los principios son muy difíciles", contó Andrea Duro en un impasse de la sesión. A ella, por ejemplo, solían confundirla (a veces llegó al grado de molestia) tomándola en la calle por Yoli, la adolescente de aires poligoneros de Física o Química (Antena 3), a la que interpretó a lo largo de 4 años y 77 episodios. Ahora le tocaba superar otra valla: el miedo al vacío, a un buzón sin guiones. Porque la serie en la que se hizo mayor de edad acabó en 2011. De vez en cuando se sigue llamando con un compañero, Javier Cabo, y se dicen: "Pronto tendremos algo". Duro añadió sobre el parón: "Lo intentas llevar lo mejor que puedes. Como he estado cuatro años sin parar, el descanso me viene bien para sacarme el carné de conducir, estudiar inglés, interpretación...".

Incluso, la actriz Blanca Suárez, quizá la de mayor reconocimiento de entre las cinco, confesó ese miedo a la nada, a pesar de que tenía previstos dos estrenos de cine (The Pelayos y Miel de naranjas) y seguía rodando El barco (Antena 3). Así veía Suárez su profesión, en la cuerda floja: "Tienes un contrato temporal, y eso supone que si termino la serie en marzo, me quedo en paro y no sé cuándo voy a volver a trabajar, o si ni siquiera voy a volver a trabajar". A los dos días de pronunciar estas frases recibió el Ondas a la mejor actriz de ficción. Unos meses antes se había paseado por Cannes junto a Pedro Almodóvar, Antonio Banderas y Elena Anaya, el director y sus compañeros de reparto en La piel que habito, la película que probablemente le haya cambiado la vida para siempre. Por este papel de hija neurótica de Banderas ha sido nominada al Goya como mejor actriz revelación. "Pero esta profesión no depende de uno mismo", añadió Suárez. "Al final, siempre es otro el que decide por ti. Lo único que puedes hacer es esforzarte al máximo".

María Alburquerque, la profesora de teatro con la que empezó a los nueve años en la escuela Tritón -donde aún la llaman "Blanquita" y tienen colgadas fotos de ella desde que era una niña-, recuerda la primera vez que le impactó su carácter: "Habíamos preparado una obra de Molière. El día de la representación se puso mala, con fiebre. Se tomó no sé cuántas cosas y vino a hacer su función, completamente grogui". En esa época, la interpretación era aún un juego. De hecho, Blanca siguió estudiando sin tener muy claro cómo acceder a ese otro mundo desconocido. Alburquerque le decía: "Primero te cogerán en un casting, porque eres muy guapa y esta profesión es así". Luego le tocaría demostrar sus cualidades. Ocurrió más o menos así: llegó el director de casting Pepe Armengoll a la escuela Tritón, grabó a varios adolescentes y, al cabo de un tiempo, Suárez se estrenaba en el cine con la película Eskalofrío. Tenía 18 años. Ahora, con 23, ha empezado apenas a esbozar su repertorio, según su antigua profesora: "No tiene límites. Posee un registro cómico que aún no se le ha visto. Y en el dramático puede ir aún mucho más allá. Solo necesita tiempo, es muy joven".

Entre medias, Suárez pasó por El internado, una de las canteras de actores más prolíficas. De allí surgió también Ana de Armas, una exótica cubana de 23 años que ha ido limando su acento con el paso de los años en Madrid. Pisó esta ciudad por primera vez en 2006, cuando acudió al estreno de Una rosa de Francia, de Manuel Gutiérrez Aragón, rodada en Cuba y en la que De Armas, que entonces estudiaba en un grupo de teatro, se coló gracias a un casting en La Habana. Se quedó con la copla madrileña. Siguió en la escuela de interpretación. Rodó tres películas antes de los 18. Y en cuanto se hizo mayor de edad voló de nuevo a Madrid y se instaló en el sofá de unos amigos. Al mes, el director de casting Luis San Narciso le abrió las puertas de El internado, donde pasó tres años. "Al terminar, tomé la decisión de irme. Necesitaba hacer algo para mí, no otra serie. Desconectar de todo". Estudió inglés en Nueva York y volvió para rodar Hispania (Antena 3) hasta que volvió a decir basta. "Soy impaciente", dijo De Armas con un ligero seseo. "Tengo apetito de cosas nuevas". Ahora estaba interesada en proyectos "más personales y comprometidos", al estilo de la película que acababa de rodar, El callejón. Y concluyó con una reflexión sobre sus inicios: "Cuando llegué estaba deslumbrada. Quería comerme el mundo. Con el tiempo te das cuenta de que todo puede ser pasajero, efímero, muy triste". No era su caso, dijo.

En ese momento destellaron los focos. Lucía Guerrero, que cumplía 18 años, se estrenaba ante la cámara de Sergi Pons.

domingo, 19 de febrero de 2012

FOTO DE MACARENA GARCÍA EN EL TREN DE LA FAMA

Macarena García y Ricardo Gómez. "Cuanto menos Carlitos pongas, mejor", advierte medio en broma Ricardo Gómez, sabedor de lo mucho que le va a costar quitarse de encima al niño de 'Cuéntam'e, que le ha acompañado desde los siete hasta los 17 años. Se nota que ha crecido rodeado por eminencias de nuestra industria (con Imanol Arias al frente) por su capacidad para esbozar un discurso más maduro que otros compañeros no tan jóvenes como él. "Me gustaría estudiar dirección de cine en París, Nueva York o Cuba", anuncia. Macarena, con un grueso currículo de teleseries, se ha incorporado a "Luna, el misterio de Calenda", "donde vivo una historia de amor prohibido con Fran Perea". También protagoniza 'Blancanieves'(con Maribel Verdú de madrastra). Una versión torera, muda y en blanco y negro situada en los años cuarenta. "¡Qué rabia, 'The artist' os ha pisado el impacto de la promo, ¿no?", dice Ricardo. "Ya, ¡y eso que el director llevaba ocho años tratando de sacarla adelante! Aunque igual eso es positivo", afirma Macarena.

LUCÍA GUERRERO EN EL TREN DE LA FAMA


Lucía Guerrero, Jaime Olías y Álex Maruny. A raíz del éxito de 'Ángel o demonio', Jaime Olías cargó con el sambenito (o la bendición, según se mire) de "el Robert Pattinson español". En la serie coincidió con Álex Maruny, con quien repite ahora en 'Promoción fantasma', una comedia adolescente de corte sobrenatural. "Es un género que cada vez se explota más gracias al buen desarrollo de los efectos especiales", convienen. Olías se ha pasado al bando de la teleseries históricas encarnando a un amigo de Maxi Iglesias en 'Toledo'. Pero Maruny, a quien veremos en 'Año de gracia', de Ventura Pons, prolonga la esencia de Crepúsculo junto a Lucía Guerrero en 'Luna, el misterio de Calenda', una ficción policial mezclada con ciencia-ficción. Guerrero se ha entregado a la aventura: se fue a rodar con 16 años a Colombia la serie 'Karabudjanjunto' junto a Hugo Silva. Sus padres, directivos de banca, le han animado a que estudie algo más y se ha matriculado en Comunicación Audiovisual. Será el amor tormentoso de Antonio de la Torre en 'Grupo 7'.


Pregunten a sus hijos.“¿Quién te gusta más, Blanca Suárez o Ángela Molina?”. Si tienen un adolescente en casa, es probable que no sepa quién es esa segunda actriz que han mencionado, pero sí que se identifique con la protagonista de El barco. Puede que hasta estuviera dispuesto a pagar una entrada por verla en el cine. Una cuestión muy similar le planteó Eva Leira, directora de casting, al realizador Imanol Uribe cuando este preparaba Miel de naranjas, su nueva película, que protagonizan ambas actrices. Uribe, como muchos de ustedes, tenía a esa adolescente como baremo. Al fin y al cabo, el público del presente y del futuro inmediato.

Suárez hoy ya es una estrella indiscutible. La vimos en Cannes abrazada a Pedro Almodóvar y al resto del reparto de La piel que habito, y está en la terna de nominadas al Goya a mejor actriz revelación que se dirime esta noche. Encarna como nadie el tránsito de joven talento televisivo sobradamente preparado para lucirse en formato panorámico. Es el caso de otros compañeros de generación, como Maxi Iglesias, que tras dar el salto tridimensional en XP3D (con más de dos millones de recaudación) estrena en marzo El secreto de los 24 escalones, su primer protagonista absoluto. “En realidad ya di ese salto con cinco años, en La pistola de mi hermano, pero nadie se acuerda, evidentemente”, razona el intérprete. Lo que sí recordamos del gancho juvenil de Toledo, la ficción histórica con la que Antena 3 congrega a dos millones y medio de espectadores semanalmente, es su paso por Física o química, una serie que actualizaba el legado de Al salir de clase y que ha servido para bautizar a toda una generación de recambio.

Eva Leira sitúa en ese momento la inauguración de lo que llama “el tren de alta velocidad de los jóvenes”. Junto a su socia, Yolanda Serrano, realizó el casting de Física o química y defiende a estas caras que copan el mercado. “Todo eso de que los actores que vienen de la tele son menos serios es ya un complejo del pasado. Al contrario, muchos tienen tantas horas de plató que garantizan su solvencia. Aunque esto no es una ciencia exacta”. Cierto. Ídolos de adolescentes como Hugo Silva o Miguel Ángel Silvestre aún no han probado su magnetismo para arrastrarlas también a los cines. De igual forma que Eduardo Noriega, que ha hecho el camino inverso, se encontró con que Telecinco relegaba su gran incursión televisiva, Homicidios, al late night ante el empuje de Gran hotel, de Antena 3.

“A veces se nos olvidan cosas como que Luis Tosar participó en una serie como Mareas vivas, en TVG, donde estaba estupendo, antes de triunfar en cine”, recuerda Leira, cuya agencia cuenta en su currículo el descubrimiento de María Valverde (La flaqueza del bolchevique), Quim Gutiérrez (Azuloscurocasinegro) y Alberto Ammann (Celda 211), todos ellos con un premio revelación en los Goya. “La televisión necesita mucho más volumen de gente para funcionar, por eso el relevo de actores es más fluido. Esa gente además ha alcanzado unas cotas de popularidad que no ha conseguido el cine en España nunca. El star system se ha desplazado de lugar”, reflexiona la directora de casting, que ha seleccionado las caras para Toledo, El secreto de Puente Viejo y El tiempo entre costuras.

Esta última, aún sin estrenar, supone uno de los máximos esfuerzos de Boomerang TV. “Aunque ningún episodio supera los 700.000 euros de producción”, cifra su máximo responsable, Goyo Quintana. La media de un episodio en España está en los 500.000 euros. Buena parte del equipo técnico de la adaptación de la novela superventas de María Dueñas procede del sector cinematográfico. “Se ha establecido una diferencia entre ambos medios similar a la que hay entre la zarzuela y la ópera. Pero lo cierto es que la televisión se ha convertido en un buen filtro de talento y lo prepara mejor para hacer cine. Aunque, con la parálisis de proyectos cinematográficos, ese trasvase se está produciendo en dirección contraria. Cada vez es más natural ver a directores de cine, como Gracia Querejeta, dirigiendo episodios de Cuéntame”, vislumbra el productor. E insiste en que todos estos chavales que encuentran la fama meteórica tienen que “aprender a gobernar su talento porque, al contrario que antiguamente, que llegabas a primer actor después de haber sido meritorio durante años, se convierten en protagonistas desde el minuto uno. No hay nada debajo que los sustente, no están formados”.

A pesar de la buena acogida de nuestras teleseries, las últimas noticias propiciadas por la crisis no resultan nada halagüeñas. A principios de este mes, TVE comunicó la congelación de la emisión de nuevos episodios hasta 2013 de Cuéntame y Águila Roja, sus dos propuestas más exitosas (que han alcanzado un promedio de hasta cinco millones y medio de espectadores por capítulo), para contribuir a una reducción de 200 millones en su presupuesto anual. Y Telecinco, ante el desplome de facturación por publicidad (de un 17% en enero con respecto al mes anterior), ha anunciado un tijeretazo en los costes que podría afectar a garantías de éxito como Tierra de Lobos.

Está aún por verse si toda esa economía de guerra afecta al pulso que mantienen las cadenas contra la obligatoriedad de invertir el 5% de sus ingresos en cine. El propio ministro de Cultura, José Ignacio Wert, anunciaba durante la entrega de los Premios José María Forqué, que sirven de preludio a los Goya, que “debemos ayudar a la simbiosis entre televisión y cine, y ser todos ambiciosos”. Un discurso del que ha tomado nota Enrique González Macho, propietario de Alta Films y actual presidente de la Academia de Cine. “La respuesta ante eso la tienen los directivos de las televisiones. Yo siempre he defendido que tenemos que ser socios, no adversarios. El cine necesita a la televisión por su capacidad de financiación, y la televisión necesita al cine para emitirlo. Tenemos una entente cordiale en la cual nos beneficiamos mutuamente. Pero la realidad es que es más fácil invertir en comprar cine extranjero que ya está hecho que invertir en hacer cine, ese es el problema de fondo grave”, desgrana.

González Macho apuesta por la figura del productor independiente para diversificar la oferta. Fernando Bovaira representa esa máxima. A través de Mod Producciones ha respaldado las películas de Amenábar o la serie Crematorio, lo más parecido que se ha hecho en España con factura HBO. Acaba de dar salida a Promoción fantasma, con un reparto cómico nutrido de nombres televisivos, y tiene pendiente de estreno Fin, la adaptación de la novela de David Monteagudo, a cargo de Jorge Torregrossa, director fogueado en teleseries. ¿Casualidad? “Desde el punto de vista de promoción sí que es muy importante el tirón que tiene la televisión, los actores cómicos con más gancho provienen de ahí. Pero no creas que pesa mucho en la ecuación cuando nos planteamos un proyecto”.

Debemos atender a la cruda realidad de las cifras. La que trasluce tras el relumbrón de flases que acapara la noche de los Goya. El cine español sumó 95 millones de euros de recaudación en 2011, un 15,3% de la cuota de pantalla. Unos datos sensiblemente superiores a los del año anterior (cifrado en unos 80 millones) que no logran desdecir un evidente desinterés del público por acudir a las salas a ver nuestras películas. Entre las cintas que compiten esta noche hay taquillazos como La piel que habito (con casi 700.000 espectadores) y No habrá paz para los malvados (unos 685.000); pero también decepciones, como La voz dormida (300.000 espectadores), y auténticos batacazos, como Blackthorn, sin destino (con apenas 63.000).

En el horizonte, triunfante, Torrente 4: lethal crisis se dibuja como la gran salvadora de nuestra cuota, con una arrolladora recaudación de casi 20 millones de euros. A pesar de ello, no ha encontrado ninguna candidatura de la Academia, ni siquiera en los apartados técnicos. “Torrente tiene un goyón, no un goya, que es el del público”, aclara González Macho. “Pero esto pasa en todos los países donde hay academias que dan premios, no se premia la comercialidad. The artist, la gran candidata a los Oscar, lleva ocho millones de dólares recaudados en EE UU. Mientras que hay 40 o 50 películas americanas que han sobrepasado los 100 millones y ni siquiera están nominadas. Se dice que no hemos reconocido Torrente. Y es mentira, la profesión la reconoce totalmente. Y a la figura de Santiago Segura también, porque además es enormemente querido”, defiende el director de la Academia.

Es la eterna dicotomía: producto hipercomercial contra el reconocido cine de autor. Fernando González Molina, director de Tres metros sobre el cielo (3MSC), la cinta más taquillera de 2010, con 10 millones recaudados, confiesa que ya ha dejado de preocuparse por las críticas. “Al principio sí me llevaba muchos disgustos cuando me llamaban cosas como ‘mercenario de las multisalas’. Hay un poco de doble moral con respecto a todo esto. Yo no digo que la única legitimación sea la del público, pero sí creo que si un millón y medio de personas ve tu película, eso merece un respeto por parte de la industria”.

A él se le atribuye el levantamiento del fenómeno Mario Casas. Logró que el paso del testigo como icono juvenil de Hugo Silva a Casas en Los hombres de Paco resultara poco traumático para las fans. Le convirtió en protagonista de Fuga de cerebros, la película que, junto con Mentiras y gordas, abrió la veda de explotar con descaro la nueva hornada televisiva. Le descamisó a conciencia en El barco. Y prepara con él la tercera temporada de esta serie, mientras monta Tengo ganas de ti, segunda parte de 3MSC. “Me siento orgulloso de haber sabido ver su potencial”, presume. “Me parece curioso que Mario no haya estado nunca nominado al Goya a mejor actor revelación, cuando es el gran actor revelación español de los últimos años, un chico que de la nada pasó a generar 20 millones de euros. Eso en EE UU lo entenderían enseguida. Igual que entendían que Julia Roberts merecía estar nominada por Pretty woman a los Oscar, porque ella sola metió 250 millones de euros en taquilla”. Mario Casas podría alcanzar de una vez el estatus de “actor respetado” con Grupo 7, el thriller de Alberto Rodríguez que coprotagoniza junto a Inma Cuesta y Lucía Guerrero, un jovencísimo valor en alza que encabeza la serie fantástica de Antena 3 Luna, el misterio de Calenda, como hija de Belén Rueda.

El despelote que tan diligentemente han asumido los cachorros televisivos (y que tan buenos resultados de audiencia ha dado) ha encontrado en González Molina a uno de sus máximos defensores. Esta es su conclusión: “¿Qué hay de malo en ver cuerpos bonitos? Es una cosa estética. No entiendo el dramatismo frente al desnudo. ¿Qué se tienen que poner, una sábana en la cabeza para que los respetemos como actores? No hay nada violento en esos desnudos tan naíf. Para ver gente follando ya está Internet. Ves series para que te cuenten historias, y si además te lo alegran con una cara y un torso bonito, pues mejor. A eso se le llama generar mitología sexual. Es lo que se lleva haciendo con Tom Cruise y Brad Pitt desde hace 25 años. Ves sus pelis y entiendes que están construyendo mitos sexuales. Esa mirada a lo star system falta en España. Se trata a los actores un poco como al que pasaba por allí. Las mismas entregas de premios adolecen de eso, de falta de sentido del espectáculo. Chicos, ¡esto es magia, cine, sueños!”.